josefina Abara
arte - educación - psicoanálisis
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Desertora, 2024 / Proyecto de arte comunitario realizado con estudiantes de la Escuela Rural Chuit, Archipiélago Desertores, Chile.
DESERTORA es un proyecto en curso sobre arte, educación y geografía, donde a partir de una boya encontrada en el borde costero de Isla Chuit (Archipiélago Desertores), estudiantes de la Escuela Rural Isla Chuit la intervienen con mensajes y tecnología, para enviar sus recados al mar, estudiar su deriva y buscar otras formas de comunicación.
El objetivo es generar un espacio comunitario de encuentro, investigación y aprendizaje situado de islas Desertores, entablando un diálogo poético entre habitantes y las corrientes marítimas.
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El Archipiélago Desertores se ubica al sur de Chile, en la Region de Los Lagos; entre el Golfo de Ancud y el Golfo de Corcovado; entre la Cordillera de Los Andes y el archipiélago de Chiloé. Está conformado por 6 islas: Autení, Chuit, Culín, Imerquiña, Nayahué y Talcán. Viven alrededor de 300 personas en este archipiélago.
Desertores se encuentra en una situación de aislamiento extremo y en un abandono por parte del Estado. Durante la regionalización de Chile en Dictadura, Islas Desertores fueron segregadas administrativa y políticamente de la provincia de Chiloé (como era originalmente) y pasaron a ser parte de Palena, localidad que al no ser insular, no ejerce mayor influencia o apoyo a Desertores. De hecho, en la práctica, Desertores sigue estando más vinculado con Chiloé respecto a la movilización, comercio, educación y salud. Desde Achao sale una sola lancha de recorrido a la semana para llegar a Desertores y también un día a la semana para salir de éstas. En cambio, la conexión con Palena es con la misma lancha, pero con menos frecuencia incluso (dos veces al mes) y tiene ua duración de 4-6 horas de navegación. Hay que considerar por lo demás, que este itinerario se cumple sólo si las condiciones climáticas lo permiten, lo que con frecuencia, no es así.
Finalmente llegué a destino, la Escuela Rural Isla Chuit. Conformada por 10 estudiantes entre los 7 y 15 años de edad. Ua escuela multigrado con dos docentes. Uno de los proyectos que estaban desarrollando en la escuela, era un mapeo colectivo del borde costero de todas las islas Desertores. Estaba gestionado a través de la Junta de Vecinos y coordinado por Alex Mayne, geógrafo quien me invitó a explorar esta isla y apoyar el proceso de mapeo. Lo abordé como una residencia autoconvocada. En una sesión, cuando los/as estudiantes estaban revisando su mapa avanzado, surgió la ausencia de los seres mitológicos. El grupo comentaba si querían agregar algo, a lo que ya habían construido colaborativamente. Me quedé con eso, porque encuentro bella la idea de que la mitología, por ende la posibilidad de ficcionar o ilusionar sea parte de su mapa en general y costero en particular. Y es que todos o la mayoría además actúan en el mar. (El Caleuche (barco), La Picoya (sirena), por ejemplo). Pero lo que más me interesa es comprender que la dimensión espiritual es parte constitutiva de la noción geográfica, como lo real y lo simbólico (lacan?). alucinación (Winnicott, xxx)
Caminaba por el borde costero y encontré una boya varada. Me interesó de inmediato, como si me hubiese interpelado ella a mi. Además como objeto, escala y material se deja ver y pensar fácilmente, es bastante potencial. Así mismo es bastante natural identificar una escena. Un cuerpo en escena.
Estas boyas llegan acá, junto a otros objetos y fragmentos, como deshechos provenientes de las industrias acuícolas que operan en el entorno del Archipiélago Desertores. Me la llevé.
Al día siguiente la llevé a la escuela. La puse suspendida sobre unos bancos dados vuelta y ubicada al centro del aula. Los niños llegaron y de inmediato gatilló curiosidad y entusiasmo. Lo que sucede cuando se producen irrupciones en la sala de clases, cosa que a mi parecer, es una metodología base. Quisieron pintarla, a pesar de que habían otras opciones. Y quisieron pintar los seres mitológicos que habían ilustrado el día anterior. Entre todos ubicaron cada elemento alrededor de la boya. Insistí en los formatos que fueran grandes y cubrientes, haciéndose cargo del soporte, sus dimensiones y características volumétricas. Fueron 3 jornadas de pintura, incluyendo un sábado que voluntariamente se ofrecieron asistir. Lo bueno de cuando pasa que las acciones se dan de manera voluntaria, es que surge un compromiso. A partir de que hay un proceso en el que estás participando, sientes un sentido de pertenencia y el deseo de trabajar es genuino. Porque también es una invitación a juga Más adelante, este hecho tuvo una gran influencia en el proyecto.
La boya quedó pintada y gracias a su intervención se transformó en un objeto ritual, colgado en el área de juegos del patio, como si fuera un elemento protector y sagrado que concentra el poder de los seres mitológicos. Así el grupo también aprendió del Ready Made, trabajando con un objeto cotidiano funcional, que es resignificado al dotarlo de nuevas funciones; simbólicas, escultóricas, espirituales, espaciales.




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Caminando nuevamente por el borde costero, vi otra boya. En la casa del vecino. Me pregunté si la usaba para algo. Pero la vecina me dijo que la lleve nomás, antes la usaba el marido para el bote pero ya no. Son como boyas paralelas, ya después no dejas de verlas. Me la llevé también y la examinamos en casa, tratando de desaboyarla. Luego entendí que no era necesario, que la boya era así.
La llevamos a la escuela y la dejé en el patio sin que la vieran. Cuando había comenzado el taller de ilustración que me pidieron hacer, para que los niños dibujaran los elementos faltantes del mapa, comenzamos en una atmósfera mitológica. Ritual. Hablando de misterio. Como si la otra boya objeto colgada en el patio tuviera algo que ver. En eso les comento que las toninas que vi en la navegación, me habían dado un recado. Que algo les iba a llegar y había que estar atentos. Hicimos sonar la campana del patio. Los niños salieron y encontraron esta segunda boya reposada sobre la carretilla.
Al ser una segunda boya, ya habíamos entrado en una especie de sintonía respecto al lenguaje de los acontecimientos. Esta boya estaba aboyada. Estamos en Desertores. Esta boya desertó de su grupo de boyas, es desertora. Errante, dijo la profe Verónica. Y comenzó un juego de palabras y narrativas que fueron tomando forma. Terminó siendo un acróstico de palabras y preguntas hacia la boya, como objeto-ser.



































